De Armadores a peones: la crisis de los pescadores afectados por los robos en altamar

Por: Leiberg Santos, Norge Cantos, Lady Cruz


Recoger anzuelos, cargar cajas, armar redes, llevar los víveres eran las actividades que tenía que organizar José Antonio Franco Bailón, del barrio la Hondura del cantón Jaramijó, para iniciar su faena pesquera en la cual participaban sus hermanos, cuñados y primos. Ellos eran el sustento para 5 familias, quienes por cada salida hacían entre $400 y $1000. Si era temporada alta de pesca, lo hacían entre 8 y 12 veces al mes. José Antonio ahora apenas hace $5 diarios para mantener a 7 personas debido a que tuvo que cambiar de actividad como armador para ahora dedicarse a recoger cajas y material de los amigos que van a pescar.

La historia de Hugo Franco de Los Sauces de la parroquia San Mateo de Manta, no difiere de la anterior, él también laboraba como armador pesquero, manteniendo a 3 familias. Cada salida al mar le representaban $1000 de ingresos, de los cuales, invertía $200 en combustible, $400 repartía a los trabajadores, y como dueño le quedaba líquido $400.  Ahora solo hace entre $100 y $200 mensuales. “Tanto tiempo trabajar para que de un momento a otro quedar sin nada”, expresó en su pesar.

Lo común de estos personajes es que sus vidas cambiaron a raíz de que sufrieron el robo de sus embarcaciones en altamar. Con ello, no pudieron pagar sus deudas con las entidades bancarias donde mantenían prestamos de entre $10 mil y $50 mil dólares; esta última cifra es el caso que le corresponde a  Jorge Anchundia, oriundo de Jaramijó, quien sufrió el robo de dos embarcaciones e hizo un préstamo adicional adquiriendo un motor usado el cual, por no tener el troquelado, le fue incautado, dejándolo prácticamente en la ruina.

“Le compré el motor a un amigo que estaba a punto de fallecer debido a una enfermedad terminal, por lo cual hice un préstamo a BanEcuador a través de mi hijo. No pude justificar la procedencia debido a que no tenía los documentos completos y como algunos negocios entre nosotros es por medio de la palabra no prevé esta situación. Ahora no puedo ni siquiera continuar el litigio porque no tengo para los trámites correspondientes como abogados y traslados a Manta, no puedo pagar el crédito y ya hasta mi hijo está en central de riesgo”, comentó Jorge quien ahora se dedica a recoger anzuelos para la pesca con espinel donde apenas acumula para mantener a su familia $5 diarios.

El robo en altamar: la quiebra de los pescadores artesanales

El terremoto del 16 de abril frenó a muchos pescadores artesanales a continuar los pagos de los créditos adquiridos a la banca, por la pérdida de sus bienes, y también por las crisis pesqueras. Estas situaciones con el pasar del tiempo están siendo superadas, como el robo de sus embarcaciones, motores y artes de pesca, que nunca llegaron a recuperarlos.

En el caso de Rosa Delgado, en cuyo hogar viven 5 familias (7 niños y 10 adultos), su esposo salía a las faenas con sus hijos y yernos en una embarcación la cual fue robada antes del terremoto y que fue repuesta por el gobierno nacional a través de un crédito y un bono de 40% del costo, endeudándolos con un 60% restante el cual se mantenían pagando hasta que por segunda ocasión sufren otro robo en septiembre del 2017. Esto causó que las cabezas familiares se dediquen a otras actividades para buscar el sustento del día a día. Su esposo trae apenas $5 por viaje, trabajando como peón en otras embarcaciones, a veces nada.

Estos casos han hecho que sufran de juicios de coactiva, y los clasifiquen en la Central de Riesgo, impidiendo que puedan tener una vida crediticia.

Jimmy López, presidente de la Federación de Organizaciones pesqueras y Análogas del Ecuador (FOPAE), indica que situaciones como estas imposibilitan pagar sus créditos y que están solicitando se les permita considerarlos como casos especiales para desarrollar sus actividades y producir ahora que el pez dorado esta a buen precio y está en la temporada más productiva.

El dirigente pesquero explica que el pescador en temporadas altas de pesca puede ponerse tranquilamente al día en sus pagos. “El problema de los pescadores afectados por los robos es que no le han dado una reactivación inmediata para acreditar… Lo único que podemos hacer como entidad es gestionar para que los saquen de la central de riesgos ya que ellos han sufrido una desgracia causada por el robo de su equipo de trabajo. Queremos que toda persona que sea afectada por robo pueda sacar créditos inmediatamente. El sector sí paga, el problema es cuando le roban”, aclaró.

La gerente de BanEcuador de la sucursal Manta, Wendy Zambrano, asegura que ellos tienen créditos de consumo y microcréditos de activación productiva, pero no pueden hacer nada si las personas están en la central de riesgo. Los requisitos para aplicar un crédito están en su sitio web y que consisten prácticamente en tener las garantías necesarias como bienes inmuebles o garantes.

Lo cierto es que los pequeños pescadores del litoral ecuatoriano deben afrontar una serie de vicisitudes, desde las que escapan del control estatal, como la escasez de especies, y el cambio climático; hasta aquellas que podrían mitigarse con políticas claras y justas para este sector generador de riquezas, como establecer créditos blandos y acordes a sus dinámicas productivas, incrementar y endurecer los controles y sanciones a los piratas del mar, brindar seguros tanto para sus vidas como sus preciados bienes que les permiten extraer del mar sus riquezas.

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