“Si no es la música, es el periodismo”

El amor propio, la determinación y la convicción por cumplir sus propósitos lo han llevado a cultivar grandes logros, mismos que valora y sigue regándolos para que florezcan con mayor intensidad.

Allá, donde los días son muy aprovechados por los pescadores, queda Jaramijó, conocido como ‘Caleta de Pescadores’, en una singular descripción, es un cantón manabita, un poco apartado de las rutas trilladas, donde su gente tiene que estar preparada para pagar una lucha constante.

Fue un 17 de septiembre del año 1996, cuando aún las calles eran de tierra y algunas casas estaban construidas de madera o caña, nació Andersson Marín Hernández, un joven con aspiraciones como muchos otros, con la diferencia, de que él, ha ido cumpliendo sus objetivos.

Han transcurrido 20 años, desde que este joven vino a esta tierra, Jaramijó, donde enfrentarse a los retos,  ha sido su mejor elección, porque para él, este cantón representa su hogar, sus raíces, su pueblo, y sobretodo la tierra que lo vio nacer y lo está viendo florecer.

Lleva entre sus dedos el don de dibujar, entre pinceladas de pasión, la música representa todo para él, porque a través de ella puede animar, ser Dj y cantante. Con el periodismo complementa otro de sus objetivos, locutar en radio; además no descarta la posibilidad de ir escalando, ser presentador de televisión e incluso tiene pensado direccionarse hacía la producción en programas de entretenimientos y culturales.

Su talento en la pintura, lo llevó a participar en el año 2011, en un concurso a nivel provincial, en Portoviejo, donde resultó ganador,  junto a tres compañeros más.

Este jaramijense, empezó con la música, cuando era un niño, recuerda que con; tarritos de atunes y pomos (cola y botellas vacías), improvisaba una banda. Frecuentaba la playa, cantaba aquella canción, que dice; “alegre playita mía, porque eres mía te vengo a ver, te vengo a contar mis penas…”, entonó Marín, quien de alguna manera cumplía sus sueños y se sentía libre y expresaba todos sus sentimientos. “Yo iba y me subía a las piedras del rompeolas, para mi ese era el escenario, y me emocionaba”, recapituló.

Andersson Marín, estudiante de Periodismo. La música es su sustento y pasión. Ama lo que hace, porque lo disfruta.

En el periodismo, su objetivo es, “hacer algo diferente, si llego a morir, que digan, Andersson fue esto, dejar plasmado una huella en la vida”, razonó.

Relata que, desde pequeño, le gustaba trabajar, creció en una familia de bajos recursos, fue entonces que sintió la necesidad de hacer algo, porque su madre trabajaba en una fábrica, y su padre tenía otro compromiso. Creé que fue criado de manera estricta por su madre, razón por la que vive agradecido, “mi madre, es mi todo, mi vida; gracias a ella soy lo que soy”.

Estudió en una escuela en la zona rural de Jaramijó, donde,  dos profesores, eran para todos los cursos.

Su niñez, fue muy difícil, inició vendiendo naranja y bolos con un primo, luego peló cebollas en el mercado, asegura que siempre buscaba la manera de estar trabajando, para sustentar sus gastos. Añade que después trabajó en una fábrica, siendo menor de edad, limpiando latas de sardinas.

Resume que estando en la fábrica, pasó algo raro, “estábamos trabajando y llegaron a robar, entonces, yo pensaba, que habían llegado a descargar pescado, pero luego llegó la supervisora, misma que nos avisó, “niños ocúltense, porque acaban de entrar a robar,  se escucharon disparos, habíamos niños y solo un anciano;  las niñas lloraban, decían, que ellas no quería morirse, pero nos ocultamos detrás de unas cajas de cartón, llenas de latas de sardinas”.

Reveló que tenían miedo, tenía, 14 años. Para finalizar cuenta que transcurrido los minutos no escucharon nada, salieron, solo habían heridos. Señaló que también fue el último día que fue a trabajar, en cuanto a la paga, solo le reconocieron la mitad de sueldo de la semana.

En los días que andaba necesitado de trabajo, se juntaba con amigos, venían a los mercados de Manta, pero no le daban oportunidades, porque eran muy niños. Entonces decidió, dedicarse por un tiempo al colegio. Luego a él y hasta su hermana a veces, su madre los llevós a una fábrica a trabajar, ubicada en San Mateo, Manta, y allí ya tenía un sueldo más elevado.

“La música es mi vida, es mi sustento diario”, “el periodismo es mi profesión”, a esto aclara que no hace una elección, porque, “si no es la música, es el periodismo”.

Se define como; respetuoso, amable, amigable y de buenos sentimientos. Actualmente este joven de apenas 20 años, se dedica a estudiar y a trabajar, ya sea cantando o animando.  En la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Uleam),  cursa el séptimo semestre de la carrera de periodismo.

De la música también recuerda, que el primer contrato, a la gente le gustó, cómo realizaba el trabajo, junto a su hermana, y es así, que hasta ahora los llaman y solicitan en Jaramijó, y a nivel de la provincia.

Con las distintas presentaciones, ayudaron a tener una mejor economía, su madre dejó de trabajar, ahora su ingreso depende de eso. Los contratos son semanalmente, Andersson junto a sus hermanas (22 y 18), y el hermano menor (15) los realizan.

“Yo soy creyente de Dios, no católico. Creo que al principio fue difícil, pero ahora gracias a ella, mi madre y sus consejos, que sirven de mucho, porque siempre nos dice, que tenemos que trabajar, estudiar para ser alguien en la vida, todo haciéndolo con dedicación y amor”, dio a conocer.

“La vida es dura, muchas veces por obtener las cosas fáciles,  nos vamos por el mal camino, pero no se debería pensar así”, finalizó este joven (1.60m), de ojos color café oscuro y piel canela.

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